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Errores habituales en la gestión de casos en hoteles

José Luis Arocha Hernández

Médico especialista en Medicina Familiar y Comunitaria.
Máster en Salud Pública.
 
¿HACER UN SCREENING PERIÓDICO A LOS TRABAJADORES ES CONVENIENTE?

¿TODOS LOS PRODUCTOS DE LIMPIEZA Y DESINFECCIÓN SON VÁLIDOS, ESTOY COMPRANDO LOS ADECUADOS Y AL PRECIO ADECUADO?

¿ES NECESARIO DISPONER DE UN BUFÉ ASISTIDO PARA EVITAR RIESGOS?

¿EL SISTEMA DE VENTILACIÓN DE LOS ESPACIOS CERRADOS O SEMICERRADOS ES ADECUADO Y SUFICIENTE?

¿ES SUFICIENTE EL SISTEMA DE RASTREO DE CASOS DEL SISTEMA SANITARIO PÚBLICO PARA EL CONTROL EN ESTABLECIMIENTOS DE RESTAURACIÓN Y HOSTELERÍA?

¿ME ESTOY ENTERANDO DE TODOS LOS CASOS QUE SE ESTAN DANDO? ¿TIENE LA ADMINISTRACIÓN SANITARIA LA OBLIGACION DE INFORMAR AL ESTABLECIMIENTO?

¿SI APARECE UN CASO EN EL HOTEL? ¿A QUIEN DEBO PONER EN CUARENTENA?¿QUIÉN LA PAGA?¿A QUIEN SE LE DEBEN HACER LAS PRUEBAS Y A PARTIR DE QUE DÍA?

¿PUEDE EL HOTELERO RECOGER DATOS DE VACUNACIÓN U OTROS DATOS MÉDICOS PARA EL CONTROL DE BROTES EN EL ESTABLECIMIENTO?

¿PUEDE UN ESTABLECIMIENTO APLICAR MEDIDAS DE CONTROL PREVENTIVO QUE VAYAN MAS ALLÁ DE LAS BÁSICAS QUE ESTABLECE LA ADMINISTRACIÓN?

 

GYD puede hacer que la respuesta a todas estas preguntas sea la más satisfactoria, pues hará que el establecimiento cuente con recursos con formación y capacidad. 

Disponer de estos recursos seguramente será la mejor inversión que puede hacer un establecimiento, y también la más barata: los desinfectantes no serán los que marquen los proveedores interesados, la formación será la adecuada y la más eficiente, los test que se harán serán los necesarios, ni más ni menos de los convenientes para controlar el proceso; las bajas y las cuarentenas, las mínimas en función del riesgo; se podrá cumplir con el reglamento de protección de datos al estar respaldados por un servicio médico epidemiológico que responde de las bases de datos con protección adecuada; se podrá cumplir con las exigencias de los turoperadores y de la autoridad sanitaria al colaborar técnicamente con estas.

 
Debemos aprender a convivir con la COVID-19 durante años y en este camino de coexistencia, la correcta información científica es la mejor arma. Contar con un asesoramiento por profesionales especialistas en Salud Pública, Control de Enfermedades Transmisibles y Epidemiología será la mejor inversión que puede hacer una empresa.

Aunque el sector turístico representa en Canarias el 35 % del PIB, no hay un solo recurso a nivel de administración sanitaria que vigile los aspectos de salud del mismo, no hay una sola estadística sanitaria, ni el más mínimo protocolo específico del sector. Ahora se ve necesario y el propio sector tendrá que armarse en este sentido. Pero lo hará mal si sigue confiando en que la salud es un problema de la administración sanitaria. Debe armarse y exigir que la administración sanitaria se implique mucho más allá de mandar inspectores para la seguridad alimentaria o de las aguas de las piscinas, por citar dos ejemplos paradigmáticos.

Mientras la administración sanitaria o las federaciones se van armando en este sentido, un asesoramiento sanitario de alto nivel puede ser un adelanto necesario e imprescindible en esta época de pandemia.

Aunque desearíamos que este asunto se resolviera con un golpe de varita (una medida de control específica, una prueba que discrimine, un certificado o una vacuna) no deja de ser un deseo y un pensamiento entre mágico y pseudo pragmático (un problema, una solución).

La realidad es que en esta enfermedad esto no funciona así. Son muchas las medidas a adoptar pero es necesario dosificarlas y poner la cantidad adecuada de cada medida para que no represente ni el cierre del negocio, ni un coste excesivo, pero con el mínimo riesgo posible.

Al principio era fácil ver empresas fumigando calles y espacios y entregando certificados de “COVID-FREE”; hasta túneles de desinfección de personas con sustancias milagrosas.

También han proliferado las empresas que hacen planes de limpieza y desinfección y de asesoramiento en la elaboración de protocolos basados en la higiene y en el uso de determinados productos con los que hacían negocio.

Los servicios médicos y de prevención de riesgos laborales no se han quedado cortos haciendo test de screening indiscriminados.

Los hoteleros ven con asombro como la administración les presiona con inspecciones  dirigidas a esto pero que se olvidan del abordaje y del seguimiento de casos y de contactos laborales.

Con la aparición de los PCR, se empezó a hablar de corredores turísticos seguros con personas que vinieran con el PCR realizado.

Ahora con el certificado de vacunación volvemos a pensar que por fin llega la solución que nos permite en cierta medida dar carpetazo al problema.

Y, sin duda, la decisión más acertada y, probablemente la de menor coste, es la que parece que cuesta más: contar con un equipo profesional especializado en salud pública y en epidemiología aplicada (que es lo que puede ofrecer GYD que lleva mas de 20 años trabajando en la prevención de enfermedades transmisibles en establecimientos de hostelería y restauración y cuenta con un epidemiólogo especialista en Salud Pública)

Errores habituales a tener en cuenta:

1.       Pensar que con un PROTOCOLO de higiene y limpieza es suficiente. Parece una palabra mágica: nosotros aplicamos el protocolo COVID-19.

Han proliferado las empresas de limpieza y desinfección que proponen protocolos de higiene, limpieza, desinfección e instrucciones básicas para la separación de personas y el uso de mascarillas. Incluso la administración turística ha elaborado este tipo de protocolos, la mayor parte de las veces sin contar con profesionales de la salud pública y de la epidemiología. (Ejemplo los protocolos de higiene del Programa Fortaleza de la Consejería de Turismo del Gobierno de Canarias).

Y, aunque sean de poca ayuda para la COVID-19, pueden ser importantes para la transmisión de otras enfermedades como los Norovirus, adenovirus o en el ámbito de cocinas, la Listeria o el Campylobacter , pero si se aplican bien. Sin embargo se suele cometer el error de confiar en un producto de limpieza que nos lo venden como producto estrella pero sabemos que no basta con utilizar un producto, el modo de uso y su dosificación determinan su eficacia y esto lo olvidamos.

2.       El uso de la mascarilla nos previene del contagio.

Se piensa que el sólo hecho de ponerse una mascarilla sin especificar ni de que tipo ni como usarla, es suficiente para estar libre de contagio. Escuchar frases como “Si, estuve cerca de un caso positivo pero no tengo riesgo de contagio porque llevaba la mascarilla puesta”.  Esto no era válido antes y mucho menos con la variante alfa y ahora con la delta.

El tipo de mascarilla y su forma de uso determina que filtremos un 20 o un 95 %.

Necesitamos precisión en la información y en la formación del personal en este punto.

3.       Que se pueden crear corredores de turismo seguros que nos va a librar de contagios.

Realizar una PCR en origen 72 horas antes de hacer un viaje o alojarse en un hotel solo permite detectar al 50 % de los casos posibles. Si se trata del test de antígenos el porcentaje de detección es aun menor.

Y sí, reducir un 50 % es una ayuda, pero no nos va a evitar el tener que aplicar el resto de las medidas.

4.       La realización de un screening periódico a todos los trabajadores nos asegura que si hay algún positivo lo vamos a detectar y, por tanto aislar. 

Las pruebas sobre la sensibilidad (capacidad para detectar un positivo siéndolo) realizadas sobre personas sanas y asintomáticas van desde un 45 %, realizada por investigadores independientes, hasta el 80% realizada por los propios laboratorios. es decir, entre el 20 y el 55 % de las personas contagiadas no serán detectadas. Por el contrario, la especificidad (capacidad para determinar que el positivo es realmente un positivo en esa enfermedad) es aproximadamente del 93 %, es decir, de cada 100 pruebas que salen positivas hay un 7 % que serían falsos positivos.

(por ejemplo, con una incidencia de 500 casos por 100000 a la semana en población general, que es una cifra muy alta que no se da en Canarias,  por cada 1000 trabajadores puede haber durante esa semana 0,50 casos, es decir 2 al mes, si hiciéramos el test todas las semanas. Un porcentaje de estos (al menos la mitad) lo harán con síntomas y no será necesario hacerles un screening para detectarlo. El screening está orientado a la detección de los asintomáticos, es decir el otro 50 % , que es 1 trabajador; pero sabemos que en asintomáticos la capacidad para detectarlo es aproximadamente del 50 %, es decir, en una situación de incidencia muy alta, de cada 4 trabajadores que pudieran ser positivos en un período de dos meses, dos de estos se detectarían porque van a dar síntomas y de los otros 2 pudiera ser que detectáramos 1 o ninguno. Si el test se hace una vez al mes,  de cada 8 asintomáticos que hubieran durante ese mes, sólo detectaríamos a 2 en el mejor de los casos y el resto no sería detectado. Luego, los que son detectados se derivan al sistema sanitario que no incluye al resto de contactos dentro del establecimiento como contactos de riesgo y, por tanto, no serán susceptibles de investigación.

En cambio de cada 1000 test pueden haber entre 10 y 70 falsos positivos que nos obligarían a asilarlos hasta obtener un PCR confirmatorio.

El problema de esto es que el coste es altísimo y la eficacia real para controlar un brote, casi nula.

Además, este resultado es una foto instantánea, mañana podría ser diferente. De este modo habría que hacer pruebas con una periodicidad regular y casi a diario si queremos estar más seguros

5.       Creer que con la vacuna está todo resuelto.

El 34 % de los vacunados se puede contagiar y puede ser contagioso. De estos, la mitad serán completamente asintomáticos.

El famoso efecto rebaño ya sabemos que no se consigue con el 70 % de la población general pues ya vemos que solo es eficaz como barrera de contagio en el 66 % de ese 70 %, es decir, aun alcanzando ese 70 % sólo el 46 % dela población actúa de barrera de protección. Por otro lado se está comprobando que los efectos de vacuna son limitados en el tiempo, incrementándose el riesgo de contagio un 250 % a partir de los 6 meses de haber completado la pauta de vacunación.

6.       Confiar en la capacidad de detección de casos y por parte de la administración sanitaria.

En España se ha optado por una definición de contacto estrecho basada en la capacidad de transmisión del virus inicial de China. No se adaptó a la variante británica (alfa) que era mucho más contagiosa ni tampoco se ha hecho con la variante delta, mucho más contagiosa que la alfa.

De este modo, cuando la administración detecta un caso, la investigación de contactos se circunscribe a los contactos realmente cercanos en los ámbitos familiares y de amistades, y raramente entre en el entorno laboral.

El entorno laboral se ha delegado en los servicios de prevención de riesgos laborales, pero estos no están preparados para esto, no han hecho epidemiología nunca, ni cuentan con personal con formación para ello. Además, utilizan los mismos estándares de riesgo que ha propuesto la administración desde el inicio de la pandemia, con la misma definición de contacto estrecho que emplea la administración.

Los clientes de los establecimientos hoteleros también se confían a la administración pues los centros médicos asistenciales una vez detectan algo lo comunican a la administración y esta ya está saturada con la resolución de los casos en la población general, limitándose a recomendar el aislamiento de estos clientes dejando fuera a todos los posibles contactos y la diseminación del brote en el establecimiento.

7.       Adoptar medidas drásticas de control en el hotel al aparecer un caso, su sospecha o un contacto estrecho.

Con frecuencia detectamos en establecimientos que se han adoptado medidas de cuarentena y/o de realización de pruebas ante la detección de un positivo o de un contacto entre los trabajadores. La dirección, de forma inmediata ante la detección de un caso, solicita pruebas PCR o de antígenos a todos los compañeros y contactos posibles de este trabajador o cliente, o los manda a casa bajo su riesgo y coste.

Sin embargo, no tienen en cuenta los tiempos de latencia y de incubación del virus y la capacidad transmisiva del mismo y, de este modo, al realizar el PCR de forma inmediata, lo más probable es que los test den negativo pues el virus aún no ha tenido tiempo de desarrollarse para ser detectable. De este modo se incurre en un coste inncecesario y, luego, si se piensa que están libres de contagio, se asume un riesgo también innecesario que puede llegar al cabo de unos días a la necesidad de cierre de establecimientos, como así ha pasado.

Los test y las medidas deben hacerse con criterios clínicos y epidemiológicos y muchas veces ni la dirección del establecimiento ni los servicios de prevención ajenos cuentan con la suficiente formación e información para actuar correctamente.

8.       Limitar el estudio y control del brote a la investigación de contactos estrechos de los casos detectados nos lleva al fracaso en el control.

Sabemos que con la variante delta, de todos los considerados contactos estrechos el 12 % van a terminar contagiados, pero también se contagiaran el 6,6 % de los considerados contactos de bajo riesgo, Pero claro, por cada contacto estrecho de una persona hay 4-5 contactos considerados de bajo riesgo, es decir que se producen numéricamente más contagios a través de contactos de bajo riesgo que a través de contactos considerados estrechos.

Esto nos lleva a estadísticas engañosas. Los datos oficiales recogen que sabemos como se han contagiado el 80 % de los casos declarados, pero estos sólo hacen referencia a los contactos estrechos a los que este caso contagio. Pero no sabemos a cuantos otros contagio y de los que no tenemos el control. De este modo, en la inmensa mayoría de los casos primarios que no están vinculados a un caso conocido son la mayoría.

Esto no se lo puede permitir un establecimiento hotelero, entre otras razones porque en un entorno hotelero, la capacidad para hacer un rastreo entre los trabajadores y los clientes nos podrían permitir llevar un adecuado control de control de cada caso, limitándolo al máximo posible y sin efecto negativo para el resto del establecimiento.

9.       Medidas generales de contacto social drásticas.

Aunque reducen el riesgo, no es posible mantenerlas en el tiempo

El virus se transmite persona a persona en un contacto cercano y directo. El contacto social sin control es la principal fuente de contagio. Por esta razón, la administración sanitaria, dado que no puede controlar las situaciones particulares de los establecimientos y de las personas, intenta limitar todas las actividades sociales, desde el confinamiento general, hasta la limitación de determinadas actividades sociales que implican este contacto social como toques de queda o cierre de determinado tipo de establecimientos.

Estas son medidas que implican un alto coste y un cortar por lo sano que está dándose de bruces con la interpretación de los jueces. Y no les falta razón a estos.

Una medida altamente eficaz para eliminar o reducir los accidentes de tráfico es prohibir la conducción de vehículos a la población general. Pero esto implicaría un cambio social de tal magnitud que sería inasumible.

Con la COVID-19 pasa algo parecido. No es el contacto social porque sí lo que determina la evolución de la pandemia.

Para que haya contagio deben haber personas contagiosas, no utilizar o hacerlo mal los equipos de protección de contagio, no mantener la distancia o estar en un espacio confinado sin control de ventilación.

Por tanto, se debe ser mucho más preciso:

a)       Controlar al máximo los casos confirmados, los sospechosos y los contactos y, aunque no se pueda llegar al 100%, acercarnos lo máximo posible a esta cifra (bastaría con el 70-80% de detección y control para conseguir un efecto de protección de rebaño si se aplicara correctamente).

b)      Aplicar correctamente el uso de los equipos de protección. Según como se utilice una mascarilla y dependiendo del tipo de mascarilla, se puede tener una eficacia de filtrado de las partículas virales entre el 20 y el 95%, pero no se insiste sobre ello lo suficiente

c)       Separación, distancia social y control de ambientes confinados. Los establecimientos deben demostrar que son capaces de garantizar sus aforos y la ventilación correcta de los locales.

d)      Al disponer de un alto porcentaje de personas vacunadas o inmunizadas por haber sufrido la enfermedad, contar con el conocimiento de esta situación permitiría conocer el riesgo, que sumado a las otras medidas podría hacer que este riesgo de transmisión y contagio fuera mínimo y aceptable social y médicamente.

10.   La protección de datos y la intimidad.

Para un establecimiento hotelero, saber si sus trabajadores están vacunados, han sufrido la enfermedad o si son vulnerables sería de ayuda. Y si sus clientes están vacunados o disponen de pruebas negativas realizadas recientemente, les puede ayudar a tomar decisiones si llegara a aparecer algún caso y acotar de este modo un posible brote. Pero el hotel no es un servicio médico y no puede manejar este tipo de datos. Sin embargo, un médico epidemiólogo si, para tomar decisiones al respecto y establecer los pertinentes contactos con los servicios médicos, los servicios de prevención, la autoridad sanitaria y el propio cliente o trabajador.

11.   Siempre vamos por detrás o “Después de conejo huido, palos a la madriguera”.

Desde el 23 de junio el Centro Europeo para el Control de Enfermedades (ECDC) ya advertía que la variante Delta era muy transmisible y que previsiblemente durante entre julio y agosto sería la variante dominante y que se debía actuar previamente para aumentar la vigilancia y control con cambios en conceptos sobre la detección e investigación de casos y contactos.

Sin embargo, en España, en esas fechas se decía que esta variante era mínima sin más. La administración sanitaria va marcando un semáforo en función de la incidencia una vez que ya se ha elevado. ¿realmente merece la pena trabajar así? Pues no, lo idóneo es adelantarse en las medidas de contención en lo clínico y sanitario y disponer de un protocolo de actuación único todo el tiempo; al fin y al cabo el mecanismo de transmisión y las medidas de protección son las mismas con una incidencia de 25 o de 500 por cien mil y, en mi opinión la diferencia de riesgos no justifica tanta variación de medidas que lo único que hacen es complicar su correcta aplicación.

Cuando se detecta una alta incidencia, los contagios se han producido entre 7 y 14 días antes. Las medidas a aplicar entonces no son realmente preventivas, son para minimizar los efectos de esa ola que ya ha empezado. Esperar a ver la elevación de los contagios para adoptar medidas no es prudente en los establecimientos hoteleros.

Lo prudente es actuar siempre con medidas de control y de contingencia pensando en el riesgo más alto y no pensando que debemos esperar a tener los casos para hacerlo. Cuando aparecen los casos, si hemos relajado las medidas de control, ya es tarde para contener bien el brote.

Socio y asesor de la empresa GYD, Asesores en Salud Pública.
Vicepresidente de la Sociedad Canaria de Salud Pública
correspondencia: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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